Nuestros años arcoiris

Así como en los años sesenta del sigo pasado, el movimiento por los derechos civiles de las poblaciones afrodescendientes tuvo su mayor punto de ebullición, y en los setenta afloró el feminismo y la pugna por el amor libre, nuestra época será recordada como la de la conquista de las garantías para las personas de la diversidad sexual. 

Las coloridas portadas de los medios de comunicación, las fachadas en edificios públicos, la serie de congresos y conferencias que se organizaron todo el mes de junio, son una prueba de que en la sociedad actual, no ser incluyente puede resultar inconveniente.


Hoy por ejemplo, sería políticamente incorrecto valerse del lenguaje homofóbico para incrementar las ventas, como por décadas lo hizo la Revista Alarma a través de encabezados y artículos en los que se burlaba de la comunidad homosexual y trasvesti.


La transmisión que el pasado 26 de junio hizo Canal 11 de la conmemoración por el orgullo LGBTIQ (la marcha) en la Ciudad de México, es también una prueba de que la revolución arcoiris ya alcanzó la esfera mediática, pues hace dos años hubiera sido algo disruptivo, y totalmente impensable a principios del siglo.

Se trata de la principal televisora pública del Estado Mexicano, que ofrece sus recursos humanos y técnicos para que la señal del «pride» llegue masivamente a todo aquel que tenga un aparato televisor o un dispositivo con internet, lo cual reafirma que nuestros tiempos son los de la conquista de los derechos.


Pero nuestros tiempos también son los de una afición que se confronta, más por orgullo vil que por verdadera convicción, con el máximo organismo del soccer a nivel internacional, en una lucha que de pronto deja la impresión de que el trasfondo ha sido olvidado.


En el Mundial de Brasil 2014, la FIFA detectó que quienes asistían a apoyar a la selección de México, gritaban algo al portero del equipo contrario con el fin de intimidarlo, distraerlo, hacerlo fallar. Yo no sé quién les haya explicado a los picudos del futbol, el significado que la palabra «puto» tiene en nuestro país, pero desde entonces nos hemos enfrascado en una guerra sorda, desgastante y que parece no llevar a ningún lugar.


Porque los que gustan de gritar eso, insisten en que no tiene nada de malo, que todo es mero folclor, cotorreo, y que la palabra cuenta con fuertes raíces en el lenguaje común de los mexicanos. Mientras que los encargados de defender el discurso oficial, cumplen su papel y cuidan las formas, porque como ya se ha dicho, hoy no es bien visto a nivel social que se ofenda con base en las preferencias sexuales.
Incluso las marcas han entendido muy bien el peso que el mercado gay tiene en nuestras economías y no sólo inundan los diversos canales de comunicación con publicidad incluyente, sino que algunas cuentan con divisiones especializadas en conquistar al sector LGBTIQ.


Uno de los mejores ejemplos -el mejor yo creo -es Doritos Rainbow, que no sólo en junio produce spots publicitarios para los internautas que se identifican con alguna de las letras de la diversidad sexual.


La FIFA desde luego, no se puede permitir que en partidos de futbol oficiales se siga escuchando la palabra «puto», como parte de la diversión de una porra. Una palabra que por cierto, puede ser la última que escuche la víctima de un crimen de odio.


Si nuestra generación quiere ser recordada como la que se empecinó en salirse con la suya e hizo prevalecer la costumbre por encima de la razón, que se siga repitiendo el grito en los estadios, amén de las consabidas repercusiones, que al parecer a muchos les tienen sin cuidado.


Pero si queremos de verdad pasar a la historia como aquellos que lograron consolidar el amor, el respeto hacia uno de los grupos humanos que durante siglos sufrió el escarnio social, más que prohibir un grito deberíamos comenzar por reconocernos, educarnos y entender que los homosexuales, las lesbianas, las personas transgénero, somos amigos, hermanos, madres, esposas, personas que trabajan y quienes también podemos ser buena compañía para disfrutar por ejemplo, de un partido de futbol.