Llega el “cristal” a Puebla, la droga que te vuelve adicto desde la primera vez

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Tonatiuh Muñoz Aguilar

Considerada como una de las drogas más adictivas, capaz de atraparte desde la primera vez que la consumes, la metanfetamina en cristal -conocida coloquialmente como sólo “cristal”-, arribó a Puebla desde hace aproximadamente tres años y lentamente ha ganado espacio entre ciertos sectores juveniles, especialmente la comunidad LGBT (lésbico, gay, bisexual, transgénero) y las personas en situación de calle.

Derivada de la metanfetamina y conocida en los ambientes norteamericanos como “meth” o “ice” (hielo), esta droga es especialmente consumida en ciudades como Guadalajara, Tijuana, Mazatlán y sus áreas metropolitanas, así como en la capital de la república, donde dicha sustancia se ha convertido en un referente de la escena nocturna y sobre todo, las fiestas relacionadas con el sexo.

En tanto que en Puebla, el cristal se abre paso de manera paulatina, si bien con un avance mucho más lento que en otras urbes como las del norte del país, pero sí con un público cautivo que cada vez más se vuelve dependiente de consumirla.

Sus efectos

Los efectos a corto plazo del “cristal” son, como en casi todas las anfetaminas, una sensación de euforia y bienestar que puede o no estar acompañada por un intenso deseo sexual. Esta es precisamente una de las razones que la vuelven tan adictiva. Luego de un par de veces de fumarla, los usuarios sienten que tener relaciones ya no es lo mismo sin ella.

“La primera vez que probé el cristal no sentí nada, por eso me animé a probarla por segunda vez. En esa ocasión en una fiesta. Puedo decir que a tan sólo unos minutos de haberle dado unas fumadas me puse muy, muy caliente y me dieron muchas ganas de tener sexo. Ha sido uno de los orgasmos más ricos que he tenido en mi vida pero por eso lamentablemente ahora siempre quiero tener sexo con ella”, revela Jaime, consumidor habitual de tan sólo 19 años.

Como se ha escrito, la metanfetamina en cristal se ha vuelto especialmente popular en algunos círculos de la comunidad gay, quienes acostumbran el “ligue” a través de páginas de internet y aplicaciones móviles (Grindr, Hornet), en las que suelen distinguirse con la figura de un diamante: si un diamante aparece en tu perfil, quiere decir que estás buscando un compañero para consumir cristal.

“De pronto se vuelve muy común ver que todos tienen su diamantito en su perfil de Grindr, muchos no saben lo que significan pero algunos sí y entonces ya resulta que los que no consumimos cristal somos discriminados o ninguneados por no entrarle a eso”, señala entre risas Daniel, otro de los usuarios de la red social más famosa entre los homosexuales.

Sin embargo como cualquier droga, el cristal tiene efectos colaterales que se pueden presentar casi desde las primeras fumadas. Estos incluyen desde la muy trágica pérdida de la erección -lo cual puede resultar frustrante para alguien que busca tener sexo con ella -hasta la pérdida total del apetito y asimismo del sueño. El elevado nivel de adicción de esta sustancia puede provocar que personas se encierren durante días a consumirla y gasten, literalmente, miles y miles de pesos en ella.

“Lo máximo que he aguantado son seis días sin comer y sin dormir por encerrarme con mis amigos y otras personas a meterme cristal”, refiere Jesús, originario de la Ciudad de México quien lamenta que en Puebla no existan tantos consumidores de esta droga como en la capital de nuestro país.

Paradójicamente, Jesús reconoce las complicaciones que consumir cristal ha acarreado en su vida: “te sientes de la chingada porque imagínate no dormir durante seis días seguidos. Además el cristal es muy muy ácido lo que me ha llevado a tener varias endodoncias”.

En efecto: una de las consecuencias a mediano plazo es que la metanfetamina fumada daña seriamente la “pulpa” de los dientes así como las encías, lo que provoca disminución en el volumen de las piezas dentales, ennegrecimiento, problemas como la gingivitis y la periodontitis e incluso caída de las muelas. Las personas que fuman cristal también presentan problemas a largo plazo de pulmón y riñones, a tal punto que se dice que es casi seguro que un consumidor habitual de cristal desarrollará tarde o temprano cáncer en esos órganos.

Eso sin hablar del daño neurológico de la droga. Actividad psicótica y problemas sociales han sido reportados en diferentes latitudes como consecuencia directa del consumo de “cristal” y su ilógica pero muy comprensible combinación con otras sustancias -una vez ya “viajado” por el efecto de ella, al usuario se le hace fácil combinarla con mariguana, alcohol, cocaína u otras -la vuelven mortalmente peligrosa.

El cristal y el sexo

Irremediablemente, la metanfetamina en cristal se asocia con la actividad sexual, especialmente en el mundo gay y transgénero. Pero como pasa con cualquier actividad adictiva, esta droga genera una especie de “resistencia”, lo que hace necesario que el consumidor ingiera cada vez más cantidad o incluso, que busque otras vías de acceso a su cuerpo para ello.

Esto ha llevado a que el cristal se pueda ingerir de diferentes maneras. La más común es por supuesto fumada, a través de pipas de vidrio que son fáciles de conseguir en cualquier mercado popular o incluso en calles del Centro Histórico. Cuando esta vía ya no surte efecto, los adictos pasan a ingerirla por la boca, diluida con agua o incluso con alcohol, lo que la vuelve potencialmente más peligrosa.

Esta vía presenta la ventaja de que por lo menos el estómago rechazará de inmediato lo que no le siente bien, provocando en el usuario la sensación de vómito. Sin embargo existe otra forma de consumirla que también se ha vuelto común entre miembros de la comunidad gay y es la vía anal, a través de jeringas sin aguja con la que se inyectan la droga previamente diluida en agua. Al entrar en contacto con las mucosas, el cristal surte un efecto inmediato que, al mismo tiempo, multiplica casi al infinito el deseo y el placer sexual.

“Cuando lo hice me puse como perra en celo. Quería sexo con cualquiera y durante horas”, admite con vergüenza pero también con picardía Jesús, quien señala estar deseoso de volver a experimentar esta forma de consumir cristal debido a que la forma tradicional, la fumada, ya no le produce efecto.

Sin embargo existe un método más peligroso aún para ingresar cristal al cuerpo humano y es a través de la vía intravenosa. Los consumidores más experimentados diluyen cierta cantidad de esas piedras previamente pulverizadas en otro tanto de solución inyectable y posteriormente, las inyectan en sus venas por medio de jeringas de insulina. Esta forma de consumir cristal puede resultar letal ya que si no se tiene conocimiento de la cantidad adecuada, podría elevar la presión arterial a niveles tan altos que producirían un paro cardíaco.

Aunado a lo anterior, la pérdida de la erección en los varones como consecuencia directa del consumo de cristal llevan a que los consumidores necesiten mezclarla con pastillas de viagra -hoy fáciles de conseguir en cualquier farmacia -. La combinación de estas dos sustancias elevan en 50 % las posibilidades de sufrir un paro cardiorrespiratorio o incluso un derrame cerebral.

Eso sin considerar que la mayoría de las drogas que hoy se comercializan se hacen de manera clandestina, por lo cual no existe la certeza de que en efecto se esté adquiriendo la sustancia deseada o si ésta no se ha mezclado con otros productos altamente nocivos para la salud. Estudios recientes en diferentes partes del mundo revelan que estupefacientes como la cocaína, las “tachas” y por supuesto el cristal, están rebajadas con sustancias tan peligrosas y variadas como el ether, el talco, la gasolina o el diésel.

“Aquí en el barrio yo sé quién la vende y una sola vez la he probado pero no manches: esa cosa sabía a gasolina. Y está más barata que en otras partes pero seguro te venden puras porquerías. Yo nunca, ni de chiste, me volvería a meter esa madre”, refiere Carlos, heterosexual y habitante del barrio “El Tambor”, ubicado a unos metros del centro de la ciudad de Puebla.

Un problema de salud pública

Mientras que en ciudades como Barcelona, las autoridades han declarado a los consumidores de cristal como un problema de salud pública debido a los costos sociales y económicos que resultan del tratamiento contra esa adicción, en México todavía existe un desconocimiento casi generalizado respecto a ella.

Para Teófilo Gutiérrez Zúñiga, comandante de la Policía Federal en el estado de Puebla, el consumo de diferentes sustancias como la metanfetamina y sus derivados -entre los que se encuentra por supuesto el cristal -es un problema que corresponde atacar más bien a las autoridades de salud mientras que sus efectivos únicamente se avocan al decomiso de ella cuando es detectada en los cargamentos de conductores que circulan por las carreteras.

Lo que sí reconoce el uniformado es que este es un problema cada vez más fuerte que atrapa casi sin salida a quien la consume: “difícilmente un consumidor de metanfetamina va a poder dejar de ser adicto”, señala Gutiérrez Zúñiga en una breve entrevista concedida a Primera Plana.

No existe por lo tanto una medición certera sobre el número de consumidores o el avance paulatino de la metanfetamina en cristal en nuestro estado, pero una simple ojeada a las páginas policiacas de un año a la fecha da cuenta del incremento y la penetración de esta sustancia en la zona metropolitana del Valle de Puebla: aquí y allá aparecen notas sobre narcomenudistas que son atrapados transportando dosis de esa droga que oscilan entre las 10 bolsitas -normalmente una bolsa de cristal contiene un gramo -hasta la increible cantidad de 400.

Generalmente, un gramo de cristal cuesta entre los 400 y los 700 pesos, dependiendo la calidad y la procedencia -se dice que el cristal más caro proviene de Guadalajara debido a que allá se produce la mejor versión de ese estupefaciente -. Al hacer cálculos, no hace falta ser un matemático muy bueno para darse cuenta de que la venta del cristal constituye un negocio redondo para las bandas de delincuentes.

Paradójicamente, el consumo del cristal no está supeditado a las clases más altas -si bien es cierto que los jóvenes con mayor poder adquisitivo son los clientes preferidos de los “dealers” -: al igual que el alcoholismo y otras adicciones, el consumo de la “meth” es un comportamiento nocivo y peligroso que lo mismo afecta a pobres y ricos, gais y heterosexuales, jóvenes y no tan jóvenes. Para el cristal como para la muerte, no existen diferencias de clase.

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