Caída de Santiago Nieto: ¿prejuicio sobre la boda o complot?

¿Es delito que un servidor público se case fuera del país?
¿Acaso es delito que un servidor público se suba a un avión privado?
Claro que no. Ninguno de esos dos supuestos lo es. Pero para el presidente Andrés Manuel López Obrador y sobre todo el círculo que hoy está más cerca que nunca de él con capacidad de influir, viajar en un avión no comercial es inmoral, inaceptable, motivo de baja automática.
Me refiero a las renuncias de Santiago Nieto a la Unidad de Inteligencia Financiera, y de Paola Félix Díaz, a la secretaría de Turismo del gobierno de la Ciudad de México.
Es ridículo que el presidente esté dispuesto a decirle adiós a su mejor hombre sin duda alguna en la principal causa presidencial: el combate a la delincuencia de cuello blanco, a la delincuencia organizada que opera desde el poder: la corrupción, pues.
Es inverosímil que subirse a un avión para casarse en Guatemala –no en Mónaco o en París- en Guatemala genere su dimisión inmediata.
Versiones de columnas como Bajo Reserva, de El Universal, apuntan más bien a un complot. Como esos que acusaba el presidente.
Un complot que se echó a andar en redes sociales y medios de comunicación cercanos a la mañanera.
Esto sería grave porque podría implicar que la verdadera razón de la salida de Santiago Nieto no fue la boda con la consejera electoral del INE Carla Humphrey, sino que hubo razones ocultas que pueden despertar la mayor cantidad de especulaciones, como por ejemplo, que la lucha contra la corrupción tomará otro rumbo con el hombre de izquierda, pero al fin político inexperto en fiscalización de recursos, Pablo Gómez.
Para la causa del presidente, este es un auténtico sisma en su gobierno; si bien es cierto que ha perdido a funcionarios tan importantes como el secretario de Hacienda, el titular de la SCT o el director del IMSS, esta pérdida es una derrota a su principal promesa: la férrea lucha contra la corrupción.
¿Usted cree verosímil que un prejuicio sobre volar en un avión privado –pagado con ingresos propios- sea motivo de que un servidor público de esa talla decida dejar su prometedor cargo?
Termino: llevó más de un mes que dimitiera Florencia Serranía, directora del Metro, tras el accidente que mató a 26 personas, a pesar de que se demostró que ella no le dio mantenimiento a la Línea 12 que colapsó, entre otros motivos, por falta de mantenimiento.
¿Por qué tardó más de un mes en despedirla Claudia Sheimbaun y a su secretaria de Turismo tardó unas horas?
Sólo hay una explicación: le pidieron fulminante su cabeza como medio de presión para que cayera Santiago Nieto.
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