Acción comunitaria y académica hace frente al modelo predatorio de ciudad

  • Los espacios urbanos en expansión han prescindido de los saberes populares para privilegiar la explotación de recursos naturales en favor del capital.

Los espacios determinan a sus habitantes, y viceversa. La experiencia vital se ve trastocada inevitablemente por el contexto, por lo que cuando este es violento, patriarcal y hegemónico, estas características también marcan la vida de las personas. Para comprender cuáles son las relaciones estratégicas y afectivas que se tiene con la ciudad y cómo se puede construir territorios que sean afines a las personas, la IBERO Puebla inauguró su seminario Ciudad, Territorio y Patrimonio.

Esta edición propone leer las tensiones entre el uso y consumo de los espacios urbanos, así como la inserción del concepto de patrimonio en contextos inequitativos. Como aseguró el Mtro. Xavier Recio Oviedo, director del Departamento de Arte, Diseño y Arquitectura, las universidades tienen que ser capaces de responder a estas problemáticas a través del cuidado de la casa común.

En las zonas de México en las que la ruralidad supera el 50% del desarrollo social existe una gran diversidad de filosofías e identidades que entran en juego al configurar espacios habitacionales; el común denominador es la cercanía con el territorio natural y las relaciones humanas.

Algunos de estos territorios han tenido que resistir a los modelos de desarrollo hegemónicos que son ajenos a la cultura endémica. Tanto la intervención privada como las políticas públicas han lacerado las formas de habitar que van más allá del espacio de dormitorio.

Para contrarrestar estas prácticas predatorias, Jesica Amescua Carrera propone una visión de la producción y gestión social del hábitat centrada en la reflexión crítica. Dicho enfoque “es el resultado de entender las diferentes maneras en que se manifiesta el hábitat […] es ese espacio evolutivo el que responde a las necesidades de cada familia”.

Este modelo contempla aspectos ambientales, políticos, culturales y económicos que se concatenan para entender la vivienda como un derecho humano complejo y dinámico, lo que abre las puertas a una participación social efectiva. En síntesis,Comunal, organización en la que colabora Amescua Carrera, busca la transformación social por medio de una arquitectura basada en la creatividad comunitaria.

Así lo refleja el trabajo que va desde la creación de nuevas escuelas rurales hasta el rescate de barrios completos azotados por desastres naturales. “La misma organización de la comunidad es la que se pone al frente para llevar a cabo la producción bajo su misma cultura”.

Arte y ciencia por el agua

La primera ola de la pandemia fue un pretexto ideal para cuestionar las prácticas endogámicas del arte contemporáneo. Con el fin de trasladar el quehacer creativo hacia afuera, el espacio cultural Error convocó a más de 60 artistas de diferentes latitudes a generar registros sobre las distintas realidades coronavíricas, así como las luchas sociales que continuaron en el nuevo contexto.

El proyecto nacido en Instagram dio pie a una nueva curaduría artística en movimiento, tanto en cuanto a sede como en cuanto a voces. Este último esfuerzo aborda una problemática que ha generado múltiples roces en tiempos recientes: “[El proyecto Cauces] se enmarca en el proceso de privatización del agua en distintas áreas de Puebla y Cholula que, paso a paso, toca a todas las zonas”, relató Nina Fiocco, colaboradora en Error. 

La iniciativa se une a las acciones de protesta y lucha por la defensa de mantos acuíferos que tuvo dos momentos pivote en 2021: la clausura de la planta de Bonafont por parte de los pobladores de Juan C. Bonilla y la formación de un socavón de 146 metros de diámetro en Santa María Zacatepec.

Cauces propone construir, desde la escucha, estrategias para pensar, colectivizar y valorizar el agua como un bien cultural. Las acciones se concentran principalmente en actividades en el espacio público para detonar el debate ciudadano, como han sido diversas caminatas para denunciar la extracción de agua y actividades formativas sobre los procesos de purificación de líquidos.

El mundo encara diversas problemáticas socioambientales de manera simultánea que ponen a prueba la capacidad de resiliencia del mundo y sus habitantes, no solo los humanos. Para Elena Tudela Rivadeneyra, la COVID representa una oportunidad para dar un giro de timón importante hacia estructuras más responsables del ambiente.

“Se acabaron los pretextos para no actuar”, afirmó la catedrática de la UNAM. El gremio de la arquitectura y el diseño está llamado a vincular la investigación en sus quehaceres diarios, donde la construcción de visiones colectivas permita proyectar las transformaciones urbanas hacia un futuro distinto.

Para abonar a ello, Tudela Rivadeneyra colabora en el proyecto Chinampa-Refugio Xochimilco que busca rescatar los núcleos chinamperos, espacios milenarios que se enfrentan a actividades urbanas y agrícolas extensivas. El modelo piloto busca salvar elmicroecosistema de las especies a través de la construcción de una serie de microfiltros para favorecer el crecimiento incremental.

Al mismo tiempo, el proyecto Distritos hídricos de escala media. Caso Tacubaya busca hacer frente al modelo de sobreexplotación del agua en el valle de México. “La propuesta es pasar a un modelo de desarrollo urbano donde se descentraliza el agua y recicla el agua urbana”, con la finalidad de aprovechar el agua urbana como un recurso, no como un residuo sin cabida en los modelos dominantes de desarrollo.

Para ver estas actividades entra a: https://www.facebook.com/watch/live/?ref=watch_permalink&v=434855991588461